Amuse-bouche

Emilia-Romaña no es sólo una de las regiones más importantes y culturalmente ricas del norte de Italia; es uno de esos lugares a los que siempre quiero volver. Cada nuevo viaje es una nueva experiencia. Es mucho más que Parmigiano Reggiano, mortadela y prosciutto, tortellini in brodo, aceto balsámico o Lambrusco: es donde el corazón late al ritmo de una canción de Raffaella Carrà y la memoria se va llenando de recuerdos.

Estábamos viajando en carretera desde Módena a Bolonia. Habíamos salido tarde y en menos de dos horas teníamos que llegar al aeropuerto. Con el tiempo en contra, nos resignamos a cancelar el almuerzo que teníamos reservado en una famosa osteria de la ciudad, pero no queríamos despedirnos de Italia sin una última comida. Se acercaba el mediodía y no nos quedaban muchas opciones: encontrar algo en el camino o comer en el aeropuerto.

En cuestión de minutos, revisamos guías gastronómicas, recomendaciones en línea, rankings y listados, pero todo lo que encontramos estaba a demasiados kilómetros de distancia y el tiempo se agotaba. En un intento desesperado, nos volcamos a ver un mapa de la zona y seguimos nuestra intuición: un antico ristorante dal 1870. Un pequeño desvío y llegaríamos. Con más de 100 años de historia, debían tener una razón, fue lo que pensamos; o se trataría de un acto de fe, fue lo que pensé.

A pesar de que su nombre evocaba tradición y campiña, aquel lugar no era un agriturismo rústico. Era algo más audaz. Desde el primer momento se confirmó nuestro hallazgo. Estábamos en el lugar correcto. Cada paso del menú fue una revelación, un encuentro, el manifiesto de una cocina con intención. Lo que parecía ser un simple amuse-bouche, fue para mí un auténtico despertar. Aún puedo sentir la explosión de sabor en mi boca: líquida, intensa, fría, salina y feliz.

Fue la sorpresa, La Grande Bellezza y la honestidad sin pretensiones las que provocaron en mí esta epifanía. ¿Qué es lo esencial? ¿Qué es lo que vale la pena contar? En esa antigua caballeriza, casi al azar, llegó la respuesta. Sin el artificio del lujo y lejos del bla bla bla de los likes, entendí que el reencuentro era con la emoción pura. Cinco años, incontables experiencias, cientos de lugares y un nuevo punto de partida: La alegría simple del descubrimiento, de lo inesperado, de lo que nos hace humanos. Eso es lo que voy a contar.


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