Noventa minutos

THE COURT

En Roma, un turista camina en promedio entre 20 y 25 kilómetros diarios, es lo que nos había dicho nuestra guía la noche anterior. La ciudad imperial que se extiende por varias hectáreas incluye el Foro Romano, los Foros Imperiales y el Anfiteatro Flavio, más conocido como El Coliseo. Este último, destinado a espectáculos públicos, principalmente combates de gladiadores, cazas de animales, ejecuciones y recreaciones de batallas, es el epicentro del complejo y el símbolo del poder imperial.

Testigo de casi veinte siglos de historia, el Coliseo desafía la escala humana. Sus números son la máxima expresión del imperio: una base elíptica de 24.000 m2, más de 100.000 metros cúbicos de travertino y una capacidad para 80.000 espectadores. Un proyecto monumental que la Antigua Roma completó en tan solo ocho años.

En la Roma moderna, las cifras son distintas: un recorrido de apenas 2 kilómetros puede demorar más de quince minutos. Un mal cálculo del tiempo y el resultado puede ser una sentencia adversa. Con la mirada fija en el reloj, llegamos hasta el Palazzo Manfredi. Nuestra reserva en The Court, un exclusivo cocktail bar con una vista magnífica del Coliseo, nos esperaba. La regla era muy estricta: solo noventa minutos. El tiempo no perdona y teníamos que decidir rápidamente. Un gesto fue suficiente.

Como tantos en la arena nos estábamos enfrentando a lo desconocido. Ante nosotros, un hielo tallado con forma de calavera encapsulaba la esencia del cóctel. Entendí el juego. En el Metamorphosis Negroni, los ingredientes no estaban mezclados; el cóctel no estaba listo. A medida que el hielo se derretía, la mezcla de Cynar, Frangelico, Campari y Cinzano 1757 iba transformando la bebida. ¿Era una carrera contrarreloj o un ejercicio de paciencia? Nos preguntamos si habría alguna manera de vencer al tiempo.

Los cócteles no son eternos. Sobre las ruinas de la Gran Escuela de la Muerte recordé que están diseñados para consumirse en un lapso de tiempo, de diez a veinte minutos. Luego de esto, el destino es fatal: el agua o el calor se convierten en enemigos. Sin embargo, la genialidad de la mixología de vanguardia podía desafiar el destino. Aquella hazaña era un triunfo: demoraba la dilución del cóctel y, como un indulto imperial, le perdonaba la vida. El atardecer había llegado y el fin de nuestra reserva era inexorable. Dum spiro, spero. En ese mismo momento, el aliento se detuvo en La Ciudad Eterna.

1 Dum spiro, spero: locución latina que significa “Mientras respiro, espero”.

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Fuera de la carta

THE COURT

Via Labicana, 125, 00184 Roma RM, Italia

IG thecourtrome

www.manfredihotels.com

 

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