El Santo Patrono de la Abundancia

NIÑO GORDO

El electrotango es la transgresión sonora que sacudió los cimientos de la música rioplatense al fusionar el ADN del tango con los beats de la electrónica. Surgió a principios de los 2000 y logró desempolvar el género: lo sacó de los museos y lo devolvió a las pistas de baile. A la vanguardia de Piazzolla le siguió la revancha de Gotan. La nostalgia se volcó a un lenguaje moderno demostrando que incluso las instituciones más sagradas pueden evolucionar.

En el Puerto de Santa María (del Buen Ayre), suenan sintetizadores y bandoneones. Se hace vesre con el tango y con la cocina. La parrilla argentina, esa intocable tradición porteña, se deja seducir por el Asia callejera. Y en un rincón de Palermo: la técnica del fuego, el hierro y la carne se mezcla con los sabores del kimchi, la soja y las especias. El wok marca el compás, los picantes tiran firuletes y el ritual se convierte en delirio. Acá todos los días son domingo.

En Thames 1810, un niño gigante, rubicundo y sonriente nos da la bienvenida. El santo patrono de la abundancia y del comer sin culpa nos invita a pasar. El salón explota de escarlata y neón. Es un universo surreal con un cielo de faroles y una barra custodiada por una legión de pikachus, art toys y personajes de anime. Son cientos de muñequitos que nos esperan para empezar el juego. Justo detrás de ellos, a pocos centímetros, está la acción: un espectáculo irreverente de dashis, fuego y barrio.

Dominados por el exceso, habíamos pedido de todo, menos el Katsu Sando. ¿Cómo era posible tal omisión? No podíamos irnos sin probar la macabra pesadilla manga y futurista del nikkei criollo: bife de chorizo, pan brioche, tonkatsu y mayonesa. Rebosantes ya de gula, pedimos apenas una media porción, un imposible para las leyes de la cocina. Aunque sentenciados, nos encomendamos al buen vino con la esperanza que solo tienen los glotones. Gordos y borrachos, a punto de perder la fe y resignados al justo castigo, sucedió el milagro: el Katsu Sando apareció ante nuestros ojos.

Todavía incrédulos, saboreamos cada bocado. Suntuoso, intenso, umami. No tuvimos más opción que abandonarnos al lujurioso placer. Para nosotros era el triunfo del comensal devoto; para ellos, un guiño, un abrazo, una cómplice indulgencia. Honramos el regalo, y tarareando un 2×4, salimos con la barriga llena y nuestro Libro Gordo bajo el brazo

Buenos Aires | América | Bites

Fuera de la carta

NIÑO GORDO

Thames 1810, C1414DDL, Cdad. Autónoma de Buenos Aires, Argentina

IG xniniogordox

www.ninogordo.meitre.com

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