Quizás, quizás, quizás

HOPE & SESAME

“En los viejos tiempos, si alguien tenía un secreto que no quería compartir. Subía a una montaña, encontraba un árbol, tallaba un agujero y susurraba allí su secreto. Luego lo cubría con barro. Y lo dejaba allí, para siempre”.

Aún recuerdo estas líneas de In the Mood for Love, la película que me cambió la vida. Ese encuentro con el universo estético de Won Kar-wai marcó un antes y un después. Yo era muy joven y para mí, China, era la belleza sostenida, el deseo y la melancolía que había visto en su cine.

Pero Cantón no era el Hong Kong de los años sesenta. Las calles estaban desbordantes de gente. Había una ligera llovizna y no pude ver a la Sra. Chan en su elegante cheongsam descendiendo lentamente por las escaleras. En su lugar nos encontramos con cientos de jovencitas salidas de algún animé haciéndose selfies en cada esquina. Tampoco pude ver al Sr. Chow espiándola en secreto desde el umbral de alguna puerta. Parecía como si el tiempo se hubiera estirado y vuelto a tensar. La modernidad, las luces de neón y el ruido visual llenaban cada imagen.

No sabíamos exactamente lo que buscábamos. Llegamos al punto indicado. Miramos por todo lado, pero no había nombres ni un letrero que pudiéramos identificar. De pronto, en el vidrio sucio de una típica tienda de abarrotes, vimos algo que nos resultó familiar: el distintivo de The World ‘s 50 Best Bars. Lo habíamos encontrado. Con una mirada cómplice los dependientes de la tienda nos invitaron a pasar. Detrás de un estante semivacío estaba la puerta que guardaba el primer secreto.

El caos se apagó. De la penumbra emergió una barra majestuosa llena de color. Las botellas parecían peces nadando en un mar de luz. El secreto no terminaba ahí. Tuvimos suerte. Algo aún más profundo nos esperaba. Seguimos por un pasillo rojo y estrecho. La segunda puerta se abrió y nos reveló  la intimidad de un jazz room.

Todas las noches en el corazón de Guangzhou alguien canta una canción. Esa noche, volví a escuchar la melodía que una vez me quitó el aliento. Éramos solo cinco parejas. Miré sus rostros pero no reconocí a la Sra. Chan ni al sr. Chow. Cuando el cantante filipino comenzó a entonar esos versos en español, el corazón se me detuvo, apreté mi mano y los busqué de nuevo en la pequeña sala. Tenía la esperanza de verlos. Esa era su canción.

Siempre que te pregunto
Que, ¿cuándo?, ¿cómo? y ¿dónde?
Tú siempre me respondes
Quizás, quizás, quizás

1 cheongsam: también conocido como qipao, es un vestido femenino tradicional chino. Se caracteriza por su corte ceñido, cuello mandarín y aberturas laterales.

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Fuera de la carta

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